Tantas cosas que contaros y tan poco tiempo para escribir… ayyyys, qué mal.
Hoy os quería hablar de un libro, pero como tengo otro en la recámara y el primero me gustó y me lo recomendó Rober, pues he pensado en hacer la crítica del suyo, y yo le recomiendo otro a cambio. ¿Te hace el trato, pequeño?
Roberto me recomendó hace ya unos meses el libro “Noche sobre las aguas”, de Ken Follet. Es, si no recuerdo mal, lo segundo que leo de este escritor… lo primero no sé qué fué, pero desde luego no era el archiconocido “Los pilares de la Tierra”, con el que, por mucho que me lo recomienden, no me pongo nunca o no paso de la página 150. No sé qué será, pero es que no me apetece nada de nada! (y que conste aquí que lo compré, y que sigue estando en la estantería. A veces le miro, me mira, y nos preguntamos por qué no nos relacionamos más. Pero nada, no hay forma).
El caso es que aun estando escrito por Follet, que no me acababa de gustar, la recomendación venía de alguien de quien me fío en extremo en materia de libros (en lo demás, también), así que… me puse a ello.
Noche sobre las aguas inicia su historia en Septiembre de 1939, momento en que Gran Bretaña ha declarado la guerra a Alemania. Aristócratas, hombres de negocios, políticos, y en realidad, gente acaudalada que puede costearse el billete, huyen de la guerra a bordo del último hidroavión que despega con destino a Estados Unidos.
Lo que comienza siendo el relato de cada pequeña historia, una por pasajero, se convierte en una aventura trepidante que hace que te bebas el libro en un santiamén. Y no sólo porque tiene una trama entretenidísima, rápida y bien dirigida, sino porque además traslada perfectamente lo rudimentario de los primeros vuelos transoceánicos, y los riesgos de éstos (y es que, madre mía, esta gente estaba de la olla. Yo no vuelo así, ni de coña!!).
Peca a veces de cierto tono pelín pasado de moda (propio de la época, sin duda) y de cierta cursilería en las historias de amor que vuelan también en el hidroavión, pero en general debo decir que es una novela muy entretenida en la que no encontrado pegas para pasarmelo bien (debo añadir que, como ya pasaba en alguna novela del autor, las escenas de sexo son tremedas…jiji).
Después de éso, me lancé a por un autor de novela negra, que pasa a formar parte de mis favoritos, sísísí! Rober, tienes que leerla.
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