Mis queridos amigos (dos puntos)

Como os prometí, amanezco hoy con una aventura más de nuestro amigo el tendero-fotógrafo, acaecida ayer también (Esta tarde, por cierto, he hecho mi pasaporte con fotos antigüas. El pelo es otro, y la cara de terrorista se mantiene, pero al menos no parezco una secuestrada en su zulo).

Ayer había una viejecita siendo atendida por nuestro amigo el tendero-fotógrafo cuando llegué. Asistí despreocupada a su conversación mientras esperaba a que me atendieran, a la que hacía una inspección ocular del local.

La señora, no os voy a engañar, intentaba hacerse entender en ese lenguaje que emplea mucha gente mayor al referirse a lo que quieren hacer con sus fotos, es decir: “más grande“, “en pequeño“, “tal que así“, “que se vea bien“, “que me quepa en el marco que tengo en casa” (esperando que cualquiera que les oiga sepa que el marco de casa es un 13×18 y no un póster del tamaño de una marquesina de autobús). Un caos, vamos.

El caso es que llevaba una foto antigua, muy antigua, en la que aparecían unos chicos en la parte izquierda, y un jardín o algo así en la parte derecha. Lo que la mujer quería decirle, y no hacía falta ser un lumbreras (pero sí tener la paciencia mínima,  si es que eres un profesional) es que quería ampliar la zona de los chavales para que se viera mejor, y ajustarla después a un tamaño estándar, para comprarle un marco bonito y ponerla en su salón.

Sin embargo, entendido como tendero que es nuestro amigo, lo que su cerebro fotográfico tradujo es: “quiero que corte la foto y haga una copia después“.

Y de pronto, en mitad de la confusión conversacional que se traían, va el tipo y le espeta: “vale, ¿entonces me da su permiso para cortar la foto, no?“. ¡CORTARLA! ¡EL ORIGINAL!  La señora, en su duda, le respondió con un “hummm…sí, claro“, que dejaba perfectamente claro que no sabía de que le hablaban.

La hemos liado parda, que diría alguna. Yo no daba crédito, de verdad.

Porque es cierto que hay gente que no sabe lo que quiere, que no conoce los tamaños estandar o que simplemente, desconoce que las fotos se escanean ahora y se pueden hacer maravillas con el Photoshop, pero una cosa es éso, y otra muy distinta es que te encuentres con un sujeto enfrente que tampoco tiene ni idea y decide que lo mejor es cargarse una foto de 1920 para salir del paso.

Y ahora mismo lo veo con las tijeras dándole que te pego, y me imagino que a la señora le dará su foto reducida a un 9×9, y una copia al mismo tamaño, para que su marido y ella se vean de jóvenes con una lupa de 7 aumentos. Me tenía que haber quedado con la fecha que le ha dado para recogerlas, porque el pollo va a ser gordo.

Yo al final os juro que no no sé si quejarme a éste tío, dejar de ir, quemarle el chiringo para que deje de hacer daño a la humanidad, o por el contrario,  seguir yendo para poder escribir más anédoctas de él.

¿Qué os parece, ein? ¿Os animáis a dejarle las fotos de la familia? Jaja!